Hace una hora. A mi lado, frente al mostrador, una anciana coge prestadas tres novelas y las dos películas que el bibliotecario le ha recomendado.
Cuando él le pregunta cómo está, contesta con tristeza en la voz, el cuerpo y la mirada:
–Mucha soledad. Pero así es la vida.
Al despedirse, solo se me ocurre ayudarla a abrir la puerta. No es lo que ella necesita.
Mientras me duele su tiempo, pienso qué quiero.
