Cyril Pedrosa, Portugal (2011)
Norma Editorial, 2012
Hace muchos años conocí a una chica que se lamentaba de no tener raíces; a su juicio, no estaba suficientemente unida a su familia y al lugar donde creció. No me atreví a decirle que su problema, en realidad, era el opuesto: le pesaba tanto el pasado que todo lo que hacía iba dirigido a no parecerse a una madre demasiado fría y a evitar a hombres que fuesen tan débiles como su padre.
La he recordado al encontrarme con Simon Muchat, el protagonista de Portugal, que ha construido un mito similar sobre sí mismo y su familia: cuanto más lejos estén unos de otros, mejor se llevarán. En apariencia no siente ningún interés por conocer la historia de su abuelo, un emigrante portugués en Francia que, a diferencia de otros parientes, nunca volvió al país de origen.
El cambio -un viaje psicólogico que transcurre paralelo al físico- comienza cuando descubre, como espectador mudo, que tres hermanos -su padre y sus tíos- pueden tener visiones muy distintas sobre cómo eran y les querían sus padres. A partir de ese momento, puede construir una nueva historia familiar basada en lo que le cuentan -con palabras en un idioma que apenas entiende, por lo que debe prestarles una atención especial- parientes y otras personas a los que no había visto desde su infancia. Aprenderá que aún le quedan muchas preguntas nuevas sin respuesta, pero que lo importante era crearlas: «En realidad, yo no tenía ni puñetera idea. Pero pensarlo me había hecho bien». Y así podrá facilitar el cambio en su padre, al que tanto se parece sin haberlo deseado nunca, hasta el punto de que una postal escrita en el pasado por su abuelo se convertirá en una recomendación necesaria para el hijo y el nieto.
